1.10.09

02.10.09

Tratando de indagar respecto al sentido de sus vidas, los menganos, en la última sesión de psicoarte acordaron partir de aquellas cosas que heredaron o les fueron dadas sin mediar su elección y convinieron que si hay algo que no eligieron fue sus nombres.

La idea fue propuesta por el Erudito Benito quien fundamentando su opinión en la teoría lacaniana, sostuvo que nuestros nombres son una suerte de metáfora que condensan los deseos y expectativas familiares. En tal sentido el nombre que nos asignan, en el que nos reconocemos y por el cual nos identifican, nos determina en cierto modo.

Su argumentación no recibió objeción alguna, no sabemos si por convincente o porque nadie entendió nada y como en definitiva no había otras mociones, se aceptó por unanimidad.

El problema se suscitó respecto a cómo decidirían por quién comenzar. Nadie se mostraba muy dispuesto a ser el primero en poner su nombre a consideración del grupo. Lo cual es muy comprensible ya que los huéspedes del cotolengo son locos pero no idiotas.

Esta vez la cosa se dirimió a partir de una iniciativa de La Trava, quien tras beber a pico el último trago del porrón, lo tumbó en el piso, lo hizo girar como una ruleta y dijo: “Al que lo apunte”

La botella quedó en dirección a Benito y antes de que El Erudito diera cualquier consigna respecto a cómo seguiría la cosa, la trava semi embriagada preguntó: “¿Verdad o Consecuencia?”

Benito se indignó por el giro burdo que había tomado su propuesta pero decidió privilegiar el objetivo de la técnica a la modalidad lúdica que cobró de repente.

Así que tragando saliva respondió: “Verdad”

¿Verdad que te pusieron Benito porque cuando naciste pensaron que eras bobo?, dijo la Trava recreando una infidencia de Elvi Rot, la madre biológica del susodicho.
“De ninguna manera”, saltó en su defensa la Rot, “Yo dije cara de bueno”

Benito que hasta el momento había logrado controlar su ira se le saltó la virola como a una olla a presión.

A duras penas había logrado reconciliarse con su nombre de pila después de años de terapia para que esta fulana venga a meter el dedo en la llaga. Pero como ante todo era un caballero, decidió cederle la palabra a su hermana que, como buena docente, había recabado información diagnóstica de La Trava.

La profesora de la E, haciendo caso omiso al seudónimo de Carol adoptado por la trava en un fallido intento de volverse distinguida como la princesa de Mónaco, se dirigió a ella en los siguientes términos: “Ud. Discúlpeme ‘señorita’ pero su acotación fue impertinente e irrespetuosa”. Como la trava no paraba de dar carcajadas ignorando por completo la intervención de la docente, la profesora le llamó la atención por su nombre: “A usted le hablo, José Ramón”.

Tras un breve momento de tenso silencio, La trava se abalanzó sobre la botella y de no haber sido por la intervención de La Maga que se apresuró a interponerse entre su encolerizada amiga y la profesora, la cosa habría pasado a mayores. Por suerte todo quedó en un manchón de cerveza en el tailleur de la docente que no paraba de reclamar a los gritos la expulsión de José de la institución.

El ambiente se volvió tormentoso. Un diluvio de lluvia ácida comenzó a anegar el patio donde estaban y como los menganos son una especie rara, se empezaron a brotar.

Sor Raimunda no paraba de santiguarse, golpearse el pecho e implorar al cielo piedad.

La Perturbada, aburrida de la vida y sintiéndose desplazada, bailaba a los saltos al tiempo que cantaba: “¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana! ¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana!”

La Maga Malvada cazó un sapo y corriendo tras la Perturbada la amenazaba: “Calmate tarada o te hago un trabajito.”

El Erudito Benito, esta vez no fue la excepción y se brotó como pocos. Espinas de la nuca le salieron. Parado sobre un banco de cemento y en plena excitación maníaca arengaba a las mujeres al grito de “¡Lucha en el barro! ¡Lucha en el barro!”

Y cuando todo parecía fuera de control, sucedió el milagro.

Un viento primaveral despejó los nubarrones y sobre la luna en cuarto creciente apareció Ella, Su Augusta Creatividad, e iluminando a Pai Nando que permanecía inmóvil, como buen maniquí, le insufló un hálito de vida y el muñeco animado comenzó a cantar. Obviamente alucinando, los menganos se calmaron y se pusieron a escuchar:





19.8.09

Pai Nando, el Objeto Fetiche

“Pai Nando” es el objeto fetiche de Mengano. Más conocido por este mote su presencia se materializó a través de múltiples apariciones en distintos eventos artísticos. Oriundo de Santa María de los Buenos Aires, fue concebido originariamente como un maniquí a principios del pasado siglo, el cual -habiendo cumplido sobradamente su cometido- fue a parar a un depósito del que es rescatado, cien años después de su natalicio, para renacer por obra y gracia del arte contemporáneo. Siendo bautizado con el nombre de pila de Fernando, en una acción ritual llevada a cabo en megalópolis a la que asistieron como testigos un recoleto grupo de artistas, inició su derrotero por diversos centros culturales, galerías de arte y salas de exposiciones.

Nadie sabe a ciencia cierta como arribó al Cotolengo, pero una vez allí esta suerte de totem pasó a ser un objeto artístico de devoción para todos “los menganos”, con excepción de Sor Raimunda que, aunque se sintió atraída desde el primer momento por el Pai, nunca dejó de mirarlo con desconfianza como si de la representación del sacrilegio se tratara.

Los viernes por las noche, cuando la comunidad del Cotolengo se reúne a celebrar las sanaciones operadas gracias al psicoarte, es parte de la cultura institucional formular tres preguntas a Pai Nando, una referida al pasado, otra al presente y -debido a la humana ansiedad de los consultantes- una última cuya respuesta es interpretada cual pronóstico oracular.

Pai Nando fue presentado en sociedad un 17 de marzo, durante la festividad de San Patricio y su color es el verde no por emular al patrono de Irlanda sino, muy por el contrario, para ofrecer una alternativa original como contratara cultural de la tradición exportada que se viene imponiendo en nuestra cultura con evidentes intenciones comerciales.

Los huéspedes se pelean por consultar su Verde Oráculo, ya que sólo se permite hacer una consulta por viernes. Es que si bien está claro que Pai Nando no es de carne y hueso, tampoco por eso se puede abusar de su confianza. La Maga, que asumió desde el comienzo su rol de medium entre el Pai y el resto de los menganos, determinó en estado de trance psicoartístico que la manera en que el oráculo elegiría a quien manifestarse era mediante los dados. El número maestro sería el 8, como resultante de la suma de 1 + 7, el día de su primera aparición pública. Al Erudito, que de supersticioso no tenía un pelo como buen agnóstico confeso que era, le pareció sin embargo una decisión justificada.
El afortunado mengano que lograba sumar ocho festejaba bebiendo ocho tragos cortos antes de formular su pregunta, celebrando que resultase elegida ya que se había instalado una infantil competencia entre los menganos por ver quién colgaba aquella semana en su blog el oráculo sobre su intimidad.

13.8.09

"Hormigas trabajando,
pasar por otro lado,
mirar la caravanay no molestar"
Carlitos Balá